Al fin me decido y me lanzo..... bueno , al menos desde este especial y delicado territorio, que en otros menesteres menos, digamos, secretos ya tengo alguna experiencia con las publicaciones en blogs.
Este será, espero, un lugar de reflexión, fantasía y encuentro, dedicado a todos aquellos ( Que sí y aquellas... ya me entienden estudié la EGB con Franco y por entonces "aquellos" engloba a ambos sexos, ya que se trata de un término genérico...de género, digo...) que sientan la atracción de la dominación o sumisión como yo la siento.
Del mismo modo que las hemorroides, esta se sufre (disfruta también, no lo crean) en silencio y soledad en la mayoría de los casos.... uno no va por ahí gritando a los cuatro vientos.... me muero de ganas de permanecer atado a una cama un fin de semana, o de marcar con una vara la grupa de este o aquel ser humano... en fin , ya me entienden.
Por eso me sumo a contribuir a su difusión en lo que pobremente mi experiencia pueda aportar al común y espero que sus comentarios, si los hay, dinamicen el lugar...aunque tampoco espero nada pues no es el objeto del mismo.
Se preguntarán de donde el nombre de Señor de Jericó.... sencillo, me inspiró una deliciosa novela gótica de George Bernard ...literatura de bolsillo frívola, podríamos decir, pero deliciosamente pícara y con grandes dosis de erotismo e imaginación... creo recordar que titulada "INGENUA PERVERSIÓN".
En ella se narra las desventuras de dos hermanas huérfanas que pasan a vivir con sus tíos en una enorme y victoriana mansión de Inglaterra en la que son adiestradas, reiteradamente sometidas y castigadas de un modo bastante morboso y divertido para servir a las perversiones de hombres y mujeres de la nobleza.
Uno de los pasatiempos favoritos del tío (y sobrina porque negarlo) era subir al ático para poner a cabalgar a su sobrina sobre un caballito-balancín de madera en el que debía levantar la grupa desnuda para recibir al son de los vaivenes los azotes de su tío al grito de cabalgo hacia Jericó..... y esto señores, inspiró mi seudónimo.
Se preguntarán de donde el nombre de Señor de Jericó.... sencillo, me inspiró una deliciosa novela gótica de George Bernard ...literatura de bolsillo frívola, podríamos decir, pero deliciosamente pícara y con grandes dosis de erotismo e imaginación... creo recordar que titulada "INGENUA PERVERSIÓN".
En ella se narra las desventuras de dos hermanas huérfanas que pasan a vivir con sus tíos en una enorme y victoriana mansión de Inglaterra en la que son adiestradas, reiteradamente sometidas y castigadas de un modo bastante morboso y divertido para servir a las perversiones de hombres y mujeres de la nobleza.
Uno de los pasatiempos favoritos del tío (y sobrina porque negarlo) era subir al ático para poner a cabalgar a su sobrina sobre un caballito-balancín de madera en el que debía levantar la grupa desnuda para recibir al son de los vaivenes los azotes de su tío al grito de cabalgo hacia Jericó..... y esto señores, inspiró mi seudónimo.
UN CABALLERO BLANCO
Sdejericó
Se giró coqueta la musa quebrando la mirada de
soslayo, ¡como se fue alejando, alejando, tan lejos......!
La que se
asomaba cada poco con esa mirada chisposa, la que me hacía reír, y llorar en
ocasiones, la que me acariciaba y se dejaba acariciar, la que se enervaba como
nadie con mis cosas y luego las tornaba deliciosas pues decía que aquello me
hacía diferente.
Un día pintó de blanco el terciopelo violeta que nos
cubría. Así estaba mejor y yo me dejé pintar sonriendo, muy quietecito en pie
sobre ese taburete de estudio, la mirada contenida en divertido gesto, las
manitas pegadas al costado, quietecito, muy quieto y la brocha me borraba el
morbo a cada trazo. Pintura helada de polvo de unicornio, lágrima de hada
despechada que siento adormececiendo cada uno de mis poros.
El sexo
desnudo y afeitado ya no yergue su poder pues la brocha lo ha impregnado con su
luz, ¡maldita luz que ya no sé si deseo!, Nada queda, ni eso, ni la sosegada
mirada de color blanco me queda.
Seis mil millas de lengua acarician
ahora sus sentidos, como el coral y yo ni me había dado cuenta. Me ha ganado la
palabra el orador, a mí oradado el sentimiento, se marchita el orgullo. Ella
lanza rumbo trasatlántico su sonrisa que se pierde entre brumas y tormentas
tropicales.
Ya no alcanzo como antes la cumbre de esa roca frente al mar,
esta edad me mata y me cuesta mucho la subida, perdí mi pluma en el camino,
supongo que quedó atrapada en el brezo que flanquea la vereda, ladrón que fue de
todo aquello.
Antes me asomaba al precipicio a contemplar el mar que te
ha alejado, a ver si te veía el velamen reflejado, pero ahora estás muy lejos,
demasiado, ya no me alcanza tanto la mirada y me canso de esperar aunque me
gusta el sonido del mar embravecido.
En la última subida me senté un
ratito a recordar pues no esperaba verte y me apareciste en la memoria como
siempre, sonriendo, te recordé desnuda, preciosa, cuerpo de ninfa sin vello
adornado de joyas prohibidas, pezones rebeldes que se endurecían al contacto de
mis palabras, ¡como te echo de menos condenada, cuanto me acuerdo!
El
frío de la brisa me devuelve a este mundo y la tarde casi ha caído, me levanto
despacio apenas sonriendo aquellos reinos perdidos en juegos de cama, los menús
tan escogidos. Aquel fantasma de tu mente que no asusta, nunca lo hizo, se ha
cansado de vagar.
Soy un caballero blanco, tu me pintaste, y no tengo
poder para mejorar la oferta, no tengo valor alguno, pues las reglas eran otras,
el mundo de fantasmas era prohibido, así me lo dijiste y yo aceptaba ese castigo
eterno, era prohibido pero veo que no tanto.
Desciendo el escarpado
sendero acurrucado por el rugir del mar, peinado y despeinado por la revoltosa
brisa. Hace frío y casi anochece pero no he vuelto la mirada, me alejo de aquel
santuario de pasiones, lugar de morbo y culto a lo prohibido y contemplo el
color de mi cuerpo, se vuelve gris con el descenso, ¡que sucio está el
camino!
Mi pueblecito aparece entre ramas de robles centenarios, si, es
un pueblo pero es mi sitio, y es acogedor, lleno de olores y colores. Regreso al
cobijo de la chimenea pues ella pintará de lamidos rojos y amarillos mis
sombras, pronto dejará de ser gris y seré simplemente un hombre tranquilo y
ocupado con lo suyo, con los suyos. Dejaré libre mi caballo, sin espuelas sin
acero en la cintura, condición de caballero abandonada, solo recuerdos de una
época dorada, cuentos que guardar en el desván, secretos que puede que un día,
cuando leáis esto, sabréis que son míos.
Sdejericó

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